Atrayendo a las personas por medio de un mejor “servicio al cliente”
Tuesday, May 16th, 2006Mientras más leo sobre temas relacionados con los métodos de crecimiento para las iglesias, me convenzo más que, desde el punto de vista estratégico, todo gira en torno al concepto del servicio al cliente, porque las iglesias al igual que los negocios tienen un mismo objetivo: ganar clientes. Antes que saquen los clavos y el martillo para crucificarme por hereje y anticristiano, quiero que sepan que no veo a la iglesia como un negocio, aunque creo firmemente que se debe manejar como tal; también pienso que debemos implementar lo mejor de la tecnología, así como lo mejor de las herramientas y procedimientos empresariales para su mejor funcionamiento y rendimiento. En lo personal, somos llamados a ser buenos mayordomos de todo de lo que Dios nos proporciona y en las iglesias las exigencias deben ser aún más altas.
La mentalidad del cliente moderno. Por lo menos aquí en USA, los días en que usted regalaba un tratado como una invitación para asistir a la iglesia, es del pasado. La mentalidad de la gente ha cambiado y los potenciales visitantes (clientes) son constantemente bombardeados por campañas publicitarias, que al igual que nosotros, inundan nuestros buzones de correo convencional o electrónico con ofertas que van desde planes para reducir de peso, hasta planes financieros para obtener una hipoteca. Lamentablemente para estas personas, un tratado es un papel más en el buzón, un fastidio que les quita el tiempo de otras cosas más importantes. A todo esto le podemos agregar los canales de televisión, cable y satélite que nos transmiten comerciales, diseñados con el objetivo específico de llevarnos a los comercios para gastar el dinero que no tenemos, y en cosas que realmente no necesitamos. Estoy convencido que estamos viviendo en una era donde hay más información disponible que, tiempo para asimilarla, lo cual nos lleva a un proceso donde se excluye todo lo que no queremos oír, ver o recibir para dar espacio a aquello que nos entretiene, nos estimula o nos da placer.
Si no escuchan como van a creer. Aunque la Palabra es fuente de poder para cambiar vidas, si no tenemos la audiencia y la atención, aunque sea momentánea, la Palabra de Dios no tiene ningún efecto; de ahí la importancia de testificar por medio del ejemplo, viviendo la vida cristiana cada día en nuestros hogares, los centros de empleo y la comunidad. Pero esto aún no reponde la pregunta de cómo atraer o cómo llegarnos a futuros nuevos creyentes de una forma masiva.
Como lo hacíamos. Antiguamente se celebraban campañas de evangelismo una o dos veces al año con el propósito de ganar almas para Cristo. Aunque este fue el método siempre usado en las iglesias de mi juventud, nunca me gustó la idea, pues se convertía en un ejercicio donde la iglesia se movilizaba por un período de tiempo y después volvía a su rutina diaria. Durante el resto del tiempo los miembros de la iglesia se retiraban, como los osos en invierno, a sus cavernas hasta la primavera (la próxima campaña). No quedan muchos. Salvo en el caso de grandes evangelistas como Billy Graham, que está al final de su carrera, y unos pocos más, cada día se utilizan menos las campañas de evangelismo como herramienta de alcance en las iglesias. En la mía, por ejemplo, nunca se ha celebrado una de estas campañas en los once años en que he sido miembro; sin embargo, la iglesia da frutos y cumple su misión cada semana, por medio de la predicación y la visitación evangelística.
Como lo haremos. Entonces, ¿qué están haciendo las iglesias para atraer a la gente y ministrarles cada semana? La competencia por el creyente (cliente) es feroz, pero es interesante que no sean otras iglesias las que compiten por captar la atención de los futuros creyentes y miembros. Nuestra verdadera competencia está en los centros comerciales (malls), los cines, las playas, los centros de recreación, los gimnasios, el fútbol, los casinos, los juegos de vídeo, las ventas especiales y el mundo del entretenimiento en general; pero lo peor es que, la publicidad de todas estas cosas está apoyada por presupuestos multimillonarios, incluyendo todos los medios de comunicación y vehículos de mercadotecnia que estimulan nuestro ego y opacan el entendimiento.
El presidente de una de las empresas para la cual trabajé, siempre decía que el único propósito por cual la empresa existía era para “crear clientes” Nosotros no podemos “crear creyentes” pues la conversión es asunto del Espíritu Santo que toca el corazón y lo lleva al arrepentimiento; no obstante, podemos crear las condiciones para que las personas tengan la oportunidad de escuchar el mensaje de salvación. Ahí está la clave del éxito, desde el punto de vista humano, y digo esto pues sin la ayuda de Dios y el poder del Espíritu Santo ningún programa o estrategia, por buena que sea, dará resultado.
Siempre digo que el tema no es que la gente llegue, sino lo que le vamos a presentar cuando comience el servicio. ¿Cuál será la primera impresión? ¿Se conectará con nosotros o se sentirá totalmente desubicada como en tierra extraña donde se habla un lenguaje foráneo? ¿Dónde estará la mente cuando comience la predicación? ¿Estará deseosa de escuchar el mensaje o estará contando los minutos que quedan para salir y quizás no regresar nunca más?
Por eso no solamente es necesario ofrecer un programa diferente, pero también un mejor “servicio al cliente” Cómo “abrazamos” al visitante y lo hacemos sentir realmente bienvenido, cómo hacemos aquellas pequeñas cosas que hacen la diferencia y que transmiten al “cliente” el amor de Cristo expresado a través de la congregación.
Aunque pienso ampliar en este tema más adelante (¿Cómo nos ven los visitantes?), mientras tanto le invito a leer estos artículos que también tienen relación con este asunto:
9 sugerencias para que su iglesia sea mas atractiva
Para gustos se han hecho colores
