En algunas iglesias la palabra “cambio” puede causar reacciones que pueden resultar en ataques de nervios, palpitaciones o arritmia y hasta en convulsiones involuntarias que pueden dejar a algunos líderes en estado comatoso.
Los cambios son difíciles, pues los mismos requieren una voluntad, un esfuerzo por romper la inercia de lo acostumbrado y la comodidad de lo conocido. Sin embargo, en algunos casos la falta de cambios puede llevar a la iglesia a un estado de aislamiento total de la cultura en la cual se desenvuelve, con resultados catastróficos a mediano y largo plazo.
Aclaro que los cambios a los cuales me refiero no tienen nada que ver nada con el mensaje central de la iglesia, el cual siempre será el mensaje de Jesucristo. Me refiero más bien al método de la “entrega”, al conducto o al “lenguaje” por el cual llevamos este mensaje a la comunidad local.
Es paradójico que algunos de nuestros líderes sean tan reacios al cambio. Jesucristo mismo fue un maestro del cambio, que en efecto revolucionó la cultura de su época con su estilo informal, llevando el mensaje a todas las esferas de la sociedad en la cual se desarrolló.
Jesucristo:
Hablaba el lenguaje el pueblo
Amaba a los pobres
Predicaba en las calles
Predicaba en las laderas de las montañas
Asistía a fiestas
Rompía las tradiciones
Confrontaba a los legalistas
Retaba a los líderes religiosos
Comía con los delincuentes
Hablaba con las prostitutas
Utilizaba parábolas relevantes a la sociedad de aquel tiempo
Por estas cosas él fue criticado, odiado, rechazado, castigado y crucificado; todo por decir las verdades de Dios, utilizando métodos no convencionales, los cuales eran conflictivos con la tradición y la religión. Se puede decir que, como hombre, buscó diligentemente la manera de conocer y adaptarse a la cultura, lenguaje, vestimenta y el comportamiento de sus semejantes.
Pero muchos líderes y pastores le temen al cambio, especialmente cuando el mismo cuestiona el tradicionalismo, el lenguaje y la cultura de la iglesia local. Hacer cambios no es fácil y causa estrés, además de que muchos lo ven como un intento de diluir o comprometer la integridad del evangelio y el propósito de la iglesia.
El cambio trae riesgos. Puede causar que algunos busquen otra iglesia, lo cual es un tema preocupante para el pastor; no obstante esto es necesario si se quiere sacar la iglesia de un declive, que eventualmente la desintegrará o la condenará a un estado de estancamiento crónico del cual será difícil salir.
Un ejemplo clásico de la resistencia al cambio fue Temple Baptist Church (ahora llamada North Ridge Church), situada en las afueras de la ciudad de Detroit. En 1954 Temple Baptist era una iglesia floreciente, conservadora y tradicional en su estilo, donde más de 4,000 personas se congregaban cada domingo. Era considerada una de las iglesias más grandes del país en aquel entonces, pero desde 1955 comenzó un declive paulatino que la llevó al borde de la extinción, debido a su inhabilidad de adaptarse a los cambios culturales de la sociedad que le rodeaba. Por varias décadas se aferraron a su filosofía y su tradicionalismo, descartando o simplemente no mostrando sensibilidad a la metamorfosis cultural que tomó lugar fuera de su elegante y halagador templo. El resultado fue que para 1990 la asistencia había decaído a 57 personas, y aun así el liderazgo presente se sostenía firme en su tradición y su metodología para el misterio. Todo cambió con la llegada del Rev. Brad Powell el cual señaló que la iglesia se encontraba atrapada en un “patrón de irrelevancia” e inmediatamente comenzó a hacer los cambios necesarios para romper ese patrón.
Actualmente Temple Baptist Church/North Ridge Church es una iglesia saludable donde más de 12,000 personas se congregan en sus servicios cada semana. Para lograr esto la iglesia tuvo que hacer lo mismo que hizo hace 50 años atrás: hablar de una manera relevante a la cultura en la cual se encuentran hoy. Powell señala que al estudiar los resultados de los cambios en la iglesia, encontraremos que la gente se va con o sin cambio y además dice:
1. Si tu iglesia no cambia, DE TODAS FORMAS, la gente se irá
2. Si no hay cambios, la iglesia perderá la oportunidad de alcanzar a gente nueva
3. Si tu iglesia no cambia perderá la gente que puede hacer la diferencia.
Recuerda que son los miembros arraigados profundamente a las tradiciones los que están obstruyendo el avance y el crecimiento de la iglesia.
Una nota final: Si su iglesia está en proceso de cambios o ya los implementó. Lo felicito; solamente le recuerdo que el cambio es un elemento permanente dentro del ministerio, nunca termina. Si cree que llegó a su meta y no continúa cambiando o adaptándose al proceso dinámico de la evolución cultural, le aseguro que le ocurrirá lo mismo que a la iglesia Temple Baptist Church.
Trabajé por varios años en una exitosa empresa, cuyo presidente tenía la costumbre de decirnos: si no desayunamos “cambios” diariamente nuestra competencia nos aplastará.
En la iglesia no es cuestión de competencia, se trata de lograr establecer una congregación saludable, vibrante, que sea un faro de luz penetrando en los hogares de la comunidad y los corazones de sus ciudadanos.