Cada vez que alguien se disgusta en la iglesia, por cualquier cosa, la primera reacción es ¡Me Voy! (Afortunadamente no todos los que reaccionan así se van y otros que se van regresan)
En la iglesia: Te pones bravo con el pastor. Te vas.
En el trabajo: Te pones bravo con el jefe. Te quedas, le sonríes y si es necesario le llevas el café a su escritorio.
En la iglesia: Te llamaron la atención porque tus hijos molestaban durante el culto. Te vas.
En el trabajo: Te llamaron la atención porque llegaste tarde. Te quedas, pides perdón y dices “Le prometo “mi estimado jefecito” que no ocurrirá otra vez.
En la iglesia: Tuviste un desacuerdo con un hermano. Te vas
En el trabajo: Tuviste un desacuerdo con un compañero de trabajo. Te quedas. Dices: Ese es “un energúmeno” pero ni modo, me lo tengo que tragar.
En la iglesia: Hablaron de dinero por dos domingos consecutivos. Te Vas
En el trabajo: Hablaron de dinero para una colecta a un compañero necesitado, una obra de caridad o una ayuda comunitaria. Te quedas, te quejas, metes la mano en el bolsillo y contribuyes, pues no quieres que te clasifiquen de tacaño.
En la iglesia te vas, en el trabajo aguantas y te quedas. Ummmm…. Me pregunto ¿Por qué será?
“Hasta la vista baby”








19. mayo 2010 en 6:51 am
Genial Joel-Terminator!
19. mayo 2010 en 8:13 am
jajajajja muy bueno y cierto!
19. mayo 2010 en 9:21 am
Brother, defitivamente cierto… y lamentable!
19. mayo 2010 en 5:29 pm
Cuando hay problemas…….
En la Iglesia, siempre hay opiniones encontradas, pues nunca estan todos de acuerdo, lo mas común es retirarse. Al fin y al cabo hay miles de Iglesias alrededor de la comunidad.
En el trabajo, hay que bajar las orejas y disimular arrepentimiento, desafortunadamente los trabajos no se encuentran a la vuelta de la esquina, hay que buscarlos con lupa a la Shelock Holmes.
20. mayo 2010 en 7:44 pm
Pues una cosa dice pablo …si le quiero agradar a los hombres no puedo servir a Dios… asi que es pura mascara frente a los dos lados tanto como en el trabajo como en la iglesia no creen bueno.Saludos y que Dios los bendiga
22. mayo 2010 en 9:45 am
Es cierto! en mis 27 años como pastor, he visto esa actitud muchas veces. Creo que es la falta de madurez. Sin embargo, hemos de ser maduros nosotros tambien, y promover madurez en nuestas iglesias. Les recomiendo el libro: Una iglesia emocionalmente sana.
Muy bueno el tema de hoy.
23. mayo 2010 en 3:09 pm
Excelente!! Esta la que “no hicieron como dije yo o no me aceptaron la opinion que di. Me voy. En el trabajo: “Esta bien usted es el jefe”.
26. mayo 2010 en 6:07 pm
Yo no hubiera querido dejar la iglesia pero la confrontaciòn que tuve con el pastorcete Felipe me obligò a ello. Tuve paciencia, esperè alguna señal de buena voluntad de parte de el pero nunca se diò por el contrario me trataba con palabras soeces y me desafiaba a riña en lugares pùblicos. Hasta muchas de las personas a quienes invitè a la iglesia por primera vez se sorprendieron de su groserìa y no quisieron ya mas volver (el serà responsable por la sangre de esas almas) Por tanto optè por distanciarme de la iglesia asi como se lo expliquè al pastor. Un dia vino a buscarme a mi residencia no se con que intenciones pero yo no estaba, lo cual evitò una dura confrontaciòn por que ese dia de seguro le meto un bofetòn en esa trompa castrista pues ganas no me faltaban. Menos mal no estaba yo en casa.
28. mayo 2010 en 12:01 pm
Muy bien… ¡estupendo!!!