En el 2001 Capital Christian Center, una iglesia en Sacramento, California, le pidió a Christina Silvas que retirara a su pequeña hija del colegio de la � iglesia, debido a que la señora Silvas trabajaba en un local nocturno como bailarina exótica (stripper).
Seis años antes (1995) el liderazgo de la iglesia había impedido que uno de sus mejores alumnos, Ben Sharpe, participara en la ceremonia de graduación debido al corte del cabello del estudiante, cuyo estilo no cumplía con las “normas” del colegio. Este incidente tuvo repercusión en la comunidad donde protestas y acusaciones de racismo y discriminación se levantaron contra la iglesia.
El domingo pasado el Rdo. Rick Cole se paró frente a la congregación de más de 2,400 personas, y lleno de emoción pidió perdón a la comunidad por cualquier daño o herida � que la iglesia les hubiera causado. Sentados en la congregación se encontraban Christina Silva con sus dos hijas y Ben Sharpe.
Al final del servicio hubo lágrimas y abrazos que aliviaron el dolor, pero no borraron las injusticias cometidas. Fue un momento muy emocionante donde el arrepentimiento y el perdón público fueron necesarios para sanar las heridas profundas que habían marcado a aquella comunidad y congregación.
Nunca pensamos que estas cosas puedan ocurrir en una iglesia, pero cuando usted pasa más de 60 años en ellas, como es mi caso, se da cuenta que la iglesia no siempre es el refugio donde recibimos la comprensión y el amor que todos esperamos. En ocasiones he visto y he vivido las injusticias de líderes que demandan un respeto que no se han ganado y una autoridad que no se merecen. Lamentablemente estas personas en posición de liderazgo, ocasionalmente demuestran más preocupación con el legalismo y las normas que con la condición espiritual del creyente. Al final todo se centra en el poder. La intransigencia y el desamor � los lleva a cometer errores que impactan a toda la iglesia, o sea a cada uno de sus miembros.
Es loable que esta iglesia reconociera su error públicamente, lo cual es poco común, pero aún más importante es que con amor y humildad extendió su mano para buscar el perdón y la sanidad.
El “abuso espiritual” puede tener serias consecuencias en una iglesia. Nunca sabremos cuántas personas se van en silencio sin hacer comentarios, aunque sí con el corazón destrozado por la actitud de algún líder que no midió sus palabras o las consecuencias de sus acciones.
Fuente: The Sacramento Bee








21. septiembre 2009 en 11:36 am
La restauración por medio del perdón es algo muy necesario en muchas iglesias. Un hermano mio dijo: “Él (Dios) nos hizo así… con la opción de equivocarnos, y el deber de perdonar” Y esta es una gran realidad que cambiaría la vida de iglesias enteras si empezaramos a creerlo y a vivirlo.
Otro punto importante para reflexionar es que años después de la ofensa recibida estas personas aún estaban en los bancos de esa iglesia para ser perdonados.
22. septiembre 2009 en 7:21 am
Felicito a ese pastor que tuvo el valor de brindar un perdon sanador. Y tambien a esos hermanos heridos que no cambiaron de iglesia, sino que permanecieron fieles. Esa enseñanza es para todos: Hemos de aprender a vivir en comunidad de amor, de vida y de perdón. La iglesia es una congregación de personas falibles que necesitan practicar las relaciones interpersonales saludables.
22. septiembre 2009 en 7:59 am
Saludos Gamaliel, bienvenido Luis:
Estoy acuerdo que el pastor merece felicitaciones por enfrentar tan delicada situación y públicamente expresar el sentir de la iglesia y sus lideres. La historia, por lo menos lo publicado en el diario en cuestión, no confirma que las personas ofendidas permanecieron allí todo el tiempo. Conociendo la naturaleza humana, tenemos que dudar que fue así, por lo menos inicialmente. Basado en mi experiencia de mas de 6 décadas en diferentes congregaciones, les aseguro que en el 95% de las veces que estas cosas ocurren, los ofendidos se van de la iglesia o del colegio. A veces el tiempo facilita la reconciliación y quizás, esto fue lo que sucedió. Independientemente de lo acontecido, lo importante es que se reconoció la falta y se buscó el perdón.