Para un bautista vitalicio como yo, la respuesta a esta pregunta debería ser muy fácil y simple de contestar, pero no lo es. Además, dependiendo de la denominación, y el asunto a decidir podríamos obtener una variedad de respuestas que nos sorprenderían.
El tema puede ser espinoso, sobre todo en aquellas congregaciones autónomas donde el sistema o el proceso para decidir es implementado por el pastor. En el caso de los bautistas, la tradición denominacional dicta que los asuntos de la iglesia sean decididos por un voto mayoritario de la membresía de la iglesia, que usualmente tiene lugar en una reunión especial llamada “junta de negocios”, un nombre que nunca me gustó, pues su connotación es totalmente materialista. Durante mi niñez y juventud siempre encontré que estas reuniones eran muy aburridas, realmente una tortura, al punto que prefería ir al dentista que asistir a una de ellas. No obstante, entiendo que era la única forma democrática para decidir los asuntos importantes (y no tan importantes) de la iglesia.
Eso era entonces, pero ¿qué está ocurriendo hoy en las iglesias? Bueno, realmente no puedo generalizar, pero les puedo decir lo que está ocurriendo dentro de mi denominación. La tendencia de las iglesias bautistas en este país es la de adoptar el sistema estilo presbiteriano, donde los ancianos (un pequeño grupo de personas, comité, concilio, síndicos, etc.) gobiernan la iglesia local. La versión bautista tiene características “corporativas”, y funciona más como la junta directiva de una empresa.
Desde un punto de vista práctico este sistema funciona, pero puede prestarse para el abuso de autoridad, creando un tercer nivel de responsabilidad (autoridad) dentro de la estructura de la iglesia, además de los pastores y diáconos.
Lo bueno:
1. La iglesia no participa en decisiones triviales como sería decidir el color de la pintura o la alfombra de la oficina.
2. Es eficiente, y permite la rápida implementación de las decisiones.
3. Las juntas de negocios son informativas, y duran minutos en vez de horas de discusiones, que en ocasiones pueden tomar un carácter personal. En el caso de mi iglesia, por ejemplo, son tan simples y controladas, que hasta sería mejor que enviaran un informe a la membresía por correo electrónico y así nos evitamos el viaje.
Lo malo:
1. La iglesia no se entera de muchas decisiones hasta que ya son un hecho.
2. El pastor (pocas veces la iglesia) selecciona o elige a los miembros del grupo gobernante sobre el cual él preside. De cualquier forma el pastor siempre tiene la última palabra.
3. No están sujetos a ninguna calificación bíblica, ni tienen una descripción de trabajo específica.
4. No hay un sistema de control sobre este grupo. Responden solamente al pastor que los eligió.
5. La decisión de lo que se lleva o lo que no se lleva para la consideración de la congregación es enteramente de este grupo. En otras palabras deciden lo que es importante o no según su conveniencia.
Hay un comentario de Felipe en mi artículo anterior, 10 cosas que están desapareciendo de nuestras iglesias, el cual describe el problema principal con este sistema: “fue un choque que tuve al llegar de Cuba, acostumbrado a la democracia en la iglesia (no en el país), vi que se dirigía de esa manera, y aún más, el famoso “concilio” es solamente representativo. El que dice y des-dice es el pastor. La iglesia no se entera de muchas cosas, por no decir, ninguna”.
En términos generales en la denominación se están creando algunos conflictos alrededor de este asunto, como fue el caso de Germantown Baptist Church cerca de Memphis, Tenn; donde la propuesta del pastor Sam Shaw para elegir a “los ancianos” y cambiar la forma de gobierno fue derrotada por un voto de 2,183 a 1,542 el 7 de Mayo del año pasado, por ser considerada una violación de la tradición y las enseñanzas bautistas, según lo reportó Associated Baptist Press (Prensa Bautista Asociada).
Por lo menos los miembros de Germantown Baptist Church tuvieron la oportunidad de decidir en una reunión, donde estoy seguro se presentó la propuesta en detalle, se discutieron los pormenores y se contestaron las preguntas pertinentes, para que los miembros hicieran una decisión inteligente e informada.
¿Qué es lo correcto? ¿Cómo se debe gobernar a la iglesia? Ningún sistema es perfecto, pero estimo que la respuesta se encuentra en un sistema híbrido, el cual tenga las mejores características de ambas formas de gobierno. No es bueno convocar a la iglesia para decidir si podemos cambiar una silla que se quebró o para discutir el color de la papelería de la oficina. Por otra parte, tampoco es bueno que a la iglesia no se le dé la oportunidad de decidir las cosas que pueden impactar su futuro, ni que no tenga un foro donde se pueda conversar, preguntar y recibir las respuestas que justifique claramente el porqué de las decisiones.
¿Cómo funciona tu iglesia? ¿Qué nivel de decisión tiene el pastor? Si no hay democracia ¿cómo discrepas? y si discrepas ¿qué pasa?
Piensa y compártelo.