
La Curva Sigmoidea representa un modelo que permite a las iglesias trabajar en el presente y el futuro simultáneamente. Este modelo describe el proceso natural de las cosas, como las empresas, las iglesias o la vida misma. Algunos le llaman la curva de aprendizaje, por ejemplo: comenzamos a aprender lentamente por medio de la experiencia, cometemos errores y luchamos hasta convertirnos en verdaderos expertos. Luego, si no nos actualizamos o renovamos nuestros conocimientos, nos aburrimos, entramos en un estado de complacencia y el rendimiento y la productividad desaparecen.
Creo que la mayoría de las iglesias pueden señalar un evento que marcó su historia y dio lugar al comienzo de una etapa de gran crecimiento. Quizás fue la llegada de un pastor nuevo con una visión fresca; un cambio en el estilo de la adoración; una congregación cambiada a raíz de un avivamiento y una rededicación, o la implementación de una herramienta de alcance; en fin cualquiera de estos eventos podría ser el cataclismo oportuno para efectuar el cambio y provocar un crecimiento explosivo.
Muchas iglesias que experimentan estos periodos de crecimiento lo reflejan a través de sus ministerios, programas y múltiples actividades que abarrotan su calendario. Por mucho tiempo, a veces por años, todo parece vibrar con entusiasmo, la gente no cabe en el templo, los sermones son poderosos e inspiradores, la música los transporta hasta el mismo cielo y no pueden esperar a que llegue el domingo para congregarse.
Pero qué pasa cuando al cabo del tiempo las cosas se enfrían, disminuye el entusiasmo y la asistencia, cuando pasa la novedad y lo rutinario prevalece.
Esta situación se desprende del acomodamiento natural que sufren las organizaciones cuando se sienten realizadas, con un plan que está trabajando en piloto automático. La frase o pregunta típica que usualmente escuchamos en estos casos es la siguiente: ¿por qué cambiar lo que no está roto? El problema es que si esperamos que el sistema se rompa, ya tenemos el problema en nuestras manos.
Teniendo en cuenta el proceso expresado en la función simoidea, la clave del éxito está en comenzar otra curva de crecimiento antes que la actual complete su ciclo.

Aunque a veces es difícil mirar hacia el futuro cuando estamos muy ocupados con el éxito actual, es necesario tener una visión clara para comenzar una nueva curva a tiempo y sostener el crecimiento. Esto no es nada fácil particularmente en las iglesias, pues la mayoría rehúsa el cambio de algo que aún está funcionando.
Mi iglesia es un ejemplo clásico de lo que puede ocurrir cuando se provocan cambios positivos y cuando se mantienen por demasiado tiempo. Hace aproximadamente 20 años, la iglesia realizó una serie de cambios drásticos en la adoración y la música, se rompieron algunos moldes tradicionales que causaron el asombro y la crítica de algunos hermanos en los círculos Bautistas de la ciudad. Aunque en aquel entonces no pertenecía a esta congregación, estoy seguro que alguien los acusó de carismáticos o pentecostales por palmear y usar ciertos instrumentos de percusión. Estos leves cambios junto con la implementación de un programa agresivo de evangelismo personal, dieron lugar a un crecimiento explosivo que duró por unos 10 años, llevando la membresía (activa) a más de 3,000 personas. Hoy día la iglesia está en un “plateau” (meseta) con un leve crecimiento, pero se insiste en mantener los mismos programas y las mismas actividades que hace 20 años dieron un buen resultado. Conclusión, las glorias del pasado no garantizan el éxito del futuro.
Hay dos formas en que los líderes pueden efectuar el cambio: reactivo y proactivo. Cuando la situación es crítica no queda otra que ser reactivo, pero lo ideal es monitorear el horizonte de una forma proactiva, anticipando el momento adecuado para realizar el cambio antes que comience el declive.
Por consecuencia, si una iglesia aspira a tener un crecimiento continuo, entonces debe asumir una postura dinámica y visionaria que le permita realizar los cambios necesarios para generar otra curva del modelo sigmoideo antes que la actual desaparezca.