Los efectos de los cambios pastorales en las iglesias
Unas de las transiciones más críticas en la vida de una iglesia ocurre, cuando el pastor se jubila, cuando decide seguir el llamado a otro campo misionero o cuando la iglesia decide despedirlo, porque la mayoría de ellas no están preparadas para esta eventualidad que, aunque es inevitable, no se discute, no se menciona y muchos menos se planifica.
Si la iglesia no se encuentra preparada, los cambios pastorales pueden poner en peligro la estabilidad y el futuro de la misma. La situación puede ser aún más difícil en las que han tenido pastorados fructíferos y por largo tiempo, usualmente estos pastores son muy queridos, respetados y muy bien vistos, como se puede ver en las grandes personalidades de otras esferas. El solo hecho de pensar en un cambio pastoral causa a estas congregaciones un alto grado de ansiedad y estrés, por lo que prefieren no mencionar el tema.
Por otra parte tengo la opinión que, tan grave como esto puede ser la actitud de un pastor que no quiere darse cuenta que llegó la hora de retirarse. Lamentablemente, también he visto estos casos, que al final, terminan complicando la inevitable transición a un nuevo pastor.
El problema de las transiciones conflictivas no es sólo el impacto que tienen en la vida de la iglesia en términos de su sanidad espiritual, sino que puede poner a la iglesia en una situación muy peligrosa de la cual será difícil recuperarse. Si la transición es conflictiva y además se extiende por mucho tiempo, la iglesia podría perder gran parte de su membresía y su apoyo económico. En situaciones extremas podría provocar un conflicto interno de tal magnitud que dividiría la iglesia.
La Biblia no da instrucciones específicas en el manejo de este tema; sin embargo en el Nuevo Testamento vemos un ejemplo de una transición efectuada sin problema alguno, cuando Juan el Bautista dio un paso atrás entregando el liderazgo al Señor Jesús que luego preparó a sus discípulos para que lo continuaran.
Lamentablemente pocas iglesias siguen este ejemplo y los resultados ya los conocemos, por eso debemos estar alertas acerca de lo importante que, es tener un plan con los pasos a seguir cuando llegue el momento. Mientras las iglesias sigan ignorando este delicado asunto o posponiendo la planificación de procedimientos para cuando ocurra dicha transición, un día podrían encontrarse con una gran y desagradable sorpresa en sus manos.
Afortunadamente, hay muchos casos que podemos documentar, donde las iglesias y sus líderes han tenido la sabiduría para tomar las decisiones adecuadas dentro de la voluntad de Dios y aunque quizás no siempre se planificó la transición, sus resultados fueron positivos. También muchos pastores que han tenido la visión para preparar a su sucesor, lo han integrado a la iglesia antes de la partida definitiva, logrando así una transición transparente, sin baches y con el apoyo de la mayoría de la congregación.
En la versión digital del diario Dallas News publicado el 22 de Octubre del 2005, aparece un escrito sobre este tema y una lista de recomendaciones para las iglesias que son enumeradas en el párrafo que sigue:
1. Elabore un plan antes que lo necesite. No espere a que las circunstancias le obliguen a hacerlo.
2. Si el pastor de turno se encuentra en el tiempo de retirarse, y mental o físicamente no puede desempeñar su cargo con efectividad, entonces le corresponde al cuerpo de diáconos, ancianos o líderes de la iglesia enfrentar la situación. Negar lo que es evidente empeora la situación y no la soluciona.
3. Durante la transición el pastor que sale debe públicamente trabajar con su sucesor, demostrándole así a la congregación, su confianza en el que le ha de reemplazar.
4. Durante este tiempo, no se deben hacer grande decisiones que impacten el futuro de la iglesia. No es justo que el nuevo pastor tenga que asumir y vivir con las decisiones que fueron tomadas por la iglesia y su pastor durante los últimos días de su pastorado.
5. Una vez que el nuevo pastor tome posesión de su cargo, el pastor anterior debe apartarse a un lado, mantenerse disponible para ser consultado cuando se lo pidan y no inmiscuirse en lo que ya no le corresponde.
6. El nuevo pastor debe mostrar públicamente un alto grado de respeto por el pastor a quien reemplaza y que debe ser extendido también a su familia.
7. No espere que el nuevo pastor sea igual y haga las cosas de la misma forma al anterior. Cada líder es diferente y los cambios pueden ser saludables.
8. Todos los involucrados deben tener presente que la sucesión pastoral no se trata de individuos o personalidades, es un asunto de la permanencia de la iglesia.
