Si existen las herramientas ¿por qué no usarlas?
¿No te gustó el sermón del domingo? No hay problema, selecciona el tema, y download (descarga) un archivo MP3 de tu predicador favorito a tu IPod o MP3 player.
¿No te sientes cómodo llevando por todos lados una Biblia grande con cubierta de cuero, índice y concordancia? No te preocupes, puedes download (descargar) la Biblia de Olive Tree Bible Software a tu PDA (Personal Digital Assistant) y buscar versículos, nombres, frases o capítulos completos de la Palabra de Dios.
¿No tienes tiempo para leer la Biblia? Tampoco hay problema, por $5.99 al mes FaithMobile te envía “el versículo del día” directamente a tu teléfono celular.
¿No puedes ir a tu iglesia el domingo? No te preocupes, puedes conectarte por medio del website de tu iglesia y ver la transmisión del servicio completo a la hora de costumbre, sin siquiera salir de tu casa. Otra cosa, si aún no conoces al Señor como tu Salvador, no temas, sólo oprime el botón que dice “Acepto” y recibirás un correo electrónico (e-mai)l con instrucciones que te ayudará en los primeros paso de tu caminar con Cristo.
¿Fantasía o realidad? Si usted cree que esta es la iglesia del futuro, se equivoca, es la realidad en muchas iglesias que han adoptado la tecnología para hacer el puente con la cultura de hoy, ministrando a los creyentes y alcanzando a los que no creen o no asisten a una iglesia (antiguamente le llamábamos “perdidos” pero eso ya no es políticamente correcto). El artículo que salió ayer en el periódico digital de Los Ángeles Times, cubre ampliamente este tema y señala algunas de las bondades y peligros de los avances tecnológicos así como su aplicación en las iglesias.
La pregunta es ¿hasta qué punto la tecnología beneficia a la iglesia y cuál es el peligro de estos avances referente a la relación de los creyentes con Dios?
Aunque hay muchos líderes que piensan que la tecnología juega un papel crítico en el futuro de la iglesia del siglo 21, como el pastor Mark Beeson de Granger Community Church y Mark Batterson, pastor del National Community Church en Washington D.C., hay otros preocupados de que esta eficiencia tecnológica convierta la espiritualidad en algo superficial o en elementos de un menú que se pueden escoger según la necesidad de cada creyente. Sobre este asunto, el teólogo Phillip Kenneson dice que cuando se mide el éxito de una iglesia por el número de veces que el sermón fue descargado (downloaded) del website, quiere decir que el cristianismo se ha convertido en un producto de consumo más.
El peligro de todo esto, según el Sr. Kenneson sería considerarnos cristianos porque “consumimos productos cristianos”, sin tomar en cuenta cosas fundamentales de la fe, como el orar por nuestros enemigos, visitar los enfermos, ayudar a los necesitados. ¿Dónde quedarían estas cosas si nuestra fe se limitara a conectarnos en línea, bajar un sermón semanalmente y recibir un versículo bíblico a través del teléfono celular?
La tecnología, al igual que el teléfono y la televisión, de por sí no son malos. Lo que es malo es el uso inapropiado de estas herramientas para cosas que no agradan a Dios.
A través del tiempo la iglesia ha usado los recursos a su alcance para la extensión del Evangelio. Pablo usó cartas (correo directo) que viajaron por carreteras hechas por los romanos para subyugar a los pueblos, hizo viajes en embarcaciones, como también en todos los medios de transportes de aquella época. En la era actual el teléfono, la radio y la televisión son elementos fundamentales para muchos ministerios y por medio del internet podemos alcanzar al mundo desde la comodidad de nuestros hogares.
Yo creo que hay que poner las cosas en perspectiva y ver la tecnología como una herramienta que nos permiten difundir el evangelio eficientemente; no obstante, no podemos perder de vista la realidad que aunque la tecnología facilita la vida cristiana, no la sustituye; por el contrario, si el manejo del tiempo y los recursos a nuestra disposición son más eficientes, entonces también podremos hacer mucho más en función de los afligidos, los débiles, los enfermos y los necesitados. La vida cristiana es una experiencia que se vive día a día por la relación que tenemos con otras personas, las cuales se encuentran a nuestro alrededor, no sentados frente a una pantalla navegando por el internet.
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