Olores y colores

Como ya deben conocer, soy un ávido proponente de la tecnología como herramienta de avance para la iglesia de hoy. Recursos como el internet, las computadoras, el PowerPoint, DVD, MP3 y otros “juguetitos” juegan un papel importante en el proceso de difundir el mensaje. Sin embargo, creo que el afán de estar siempre en el filo de la tecnología, podría hacernos caer en la extravagancia, quizás pretendiendo convertir a la iglesia en algo que no es.
Digo esto pues hoy leí dos artículos donde se sugiere la posibilidad de adoptar dos nuevas tecnologías que, contribuirían a tener una mejor experiencia en los servicios de la iglesia.
El edificio camaleón
Imagínese si usted pudiera cambiar el color de las paredes de su iglesia en menos de 5 segundos; parece cuestión de cuentos futurísticos pero en breve será una realidad.
EL London’s Royal College of Art ha creado Chronos Chromos Concrete, el cual permite de una forma dinámica, desplegar en las paredes de concreto (hormigón) diseños, números y textos. Para explicarlo en términos simples, el concreto cambia de color cuando se calienta y desde un punto de vista más técnico, esto es el resultado de una corriente eléctrica que viaja a través de alambres de cromo y níquel, calentando a su vez el concreto que ha sido previamente mezclado con una tinta termo-cromática. ¿Qué aplicación real podría tener esto en la iglesia? Francamente no sé, pero mirándolo desde otro punto de vista, quizás como decoración sería de gran ayuda, y a lo mejor nunca más habría que pintar las paredes.
1500 olores
NTT Communications, ha creado aromas que hacen sentir emociones específicas. La base de este concepto es que los olores son poderosos y que pueden generar diferentes acciones por parte de los seres humanos. Por ejemplo, según ellos, algunas personas compran “palomitas” (popcorn, rositas de maíz) en el cine por costumbre, pero otros lo hacen porque no pueden resistir el olor.
Este asunto de los olores comienza a tomar una nueva dimensión y la semana pasada en el periódico USA Today se reportó que, en el Japón muy pronto un teatro sincronizará 7 diferentes olores con algunos segmentos de la película, con el propósito de hacerla más realista, mientras que a la misma vez cause un mayor impacto.
La empresa ScentAir proporciona 1500 diferentes aromas a miles de consumidores que patrocinan establecimientos comerciales en los Estados Unidos. La compaña tiene clientes como el Indianápolis Children’s Museum, al cual le proporciona el olor de un bosque tropical; también a Bloomingdale’s le proporciona el aroma de coco para el departamento de trajes de baño.
Cuando leo estas cosas puedo imaginarme a un predicador haciendo una ilustración gráfica del sermón, acompañado por un olor que lo hace más realista e impactante.
Pensar que estas cosas se usarán algún día en la iglesia suena como algo de ciencia ficción, pero la realidad es que, en este país, cada día buscan nuevas maneras de llegar a la gente por medio de herramientas que nunca antes habían sido consideradas posibles.
A pesar de que todo esto de la tecnología me gusta mucho, me preocupa hasta donde la misma puede ser efectiva en una iglesia, sin que antes se convierta en una distracción, con resultados negativos. Me asusta la idea, pero estoy seguro que, lo mismo hubiera pensado mi abuelo el pastor, si viera el sermón en PowerPoint, que es usado en mi iglesia todos los domingos.
